Virgina Vidal

De La Siega, la enciclopedia libre.




CARCAJADA DE LA SANDÍA

El Danubio empieza a lucir color Mar Caribe y nos deja abrirle un hueco a su vera para enterrar la sandía. Cuando me acuerdo, corro a buscarla. Me la quitas y la echas a rodar. Tropieza con una piedra y estalla: en su rojez húmeda relucen azabaches. Reímos como niños. (Se acerca una bandada de pavos.) Cojo un trozo, te lo ofrezco y le hincas tus dientes. Siento tu mordida en el corazón.








RIÑA

Te encontraría en la Plaza de Tien An Men el Primero de Octubre. Entre todos, te reconocería en la Plaza Roja el Siete de Noviembre: eres inconfundible, único: yo sabría ubicarte entre las multitudes.
Eso y más te dije. Cómo cambian las plazas y pierden sentido las fechas.
El otro día, entré en el vestíbulo del hotel, lo sentí vacío. Pasé a tu lado y no te vi… ¿Por qué me regañas?








LAVANDERA

Lavar la ropa despercudir las sábanas tender las penas.







SÍNDROME DE SANTIAGO

Me rodeas indigente de ternura. Me apretujas, me acorralas, me asfixias, me exasperas. Te esquivo, me asaltas, me persigues. Me aletarga tu sucio vaho. Me penetras, entumes, oprimes, estrangulas. Expectoras nube plúmbea. Lloriqueo, toso, me escabullo. Embozándome, respiro. Voy cediendo. Te aborrezco. Me haces falta si me alejo. Yo soy tú. Me empujas. Trastabillo y te evado. Me aturdes, te rechazo. Sabes segregar: arrinconas, separando, apartas, sojuzgando. Extenúas. Tú te arruinas. Me repelo de quererte. Resplandeces oreado. Me refulges de crepúsculos y plateas cordilleras malveando los celajes. Te repudio y te admiro, pese al duelo, padezco síndrome de Santiago.








AMATORIAS

Dulzura feroz, silencio atronador, rugir armónico. A travesear la travesía amable y a angelar dragón. Coyunda intime, coite bajo la lluvia, cuente las nubes.








CÓMPLICES

Cuando roa ansias instinto tintinee rompa compuertas.








VERTIGINANDO

Sueño angustia caigo en fofo foso ausente fondo.







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