Wilberth Azcorra

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Porfía

Esta lluvia de la noche que no mira el cielo

golpea ventanas aleros baldosas azoteas

nocturna en su sonido ahuyenta el sueño
cae como el agua que reboza en constante llanto
insiste como quien ve partir su propia despedida

sin aire

metida a voluntad tras la negrura no camina
se detiene

empapa madrugadas
ahoga alientos
se traga la palabra
martilla la canción
moja el poema

cubre esta luna menguante en líquida agonía

retrocede tiempos
gravita en hoyo negro

se niega
no se va

crece vertical con los lamentos
y en su adentro se oye tenaz acongojada

porque entre su soledad sigue buscando
lo que el viento huracanado le robó

en alevosía

el último noviembre.










Después de media noche

Silenciosa la noche se aleja hacia el poniente

en suave andar adormece con su manto
el halo de la luna

va callando lo que toca

palpitante el rosal
la jacaranda
el laurel
la bugambilia
se abrazan al ensueño


esta quietud creciente-menguante
mitad halo de plata

incita el aroma
alisa el plumaje

baña la piel de mi quimera

latidos casi mudos derrama el aire
quedo respira cuando se trueca en brisa

nada se mueve

océano sosiego de mi alma
noctámbula armonía del abrazo

distendida presencia
que bajo el aliento se incorpora

¿sueña en ti la vida?

¿vive su callado nacimiento?

¿es amor el infinito estado de la gracia?

esconde tu ternura mi palabra

la madrugada alcanza su tenue luz

y vuelvo en el corazón
a quererte con todos los sentidos.










Desde el mar

Hoy que regresas

tráeme el mar en la pupila de tus ojos
la esencia de la ola dormida entre la tarde
el perfume salado que en tu pecho agoniza

traza en el viento el amarillo atardecer de la bahía
la gaviota que de amor se funde y confunde con la nube
el barco que se aleja soñando su regreso

esculpe las huellas de tus pasos en la arena
esa brisa de playa que te envuelve desnudo
palmera que sin querer se inclina a tu caricia


hoy que regresas –corazón del aire-

Devuélveme la vida en su exhorto latido
esa pasión del rojo y su embeleso

crepúsculo que entre tu boca sedienta se hace aliento.










Ante muerte sin fin

¿Que dónde estoy?

aquí
con el café
la sombrilla
el aire
la mañana

agua en vaso cautiva
pan de dulce boca
liquida fruta abierta a mi latido

abril que ya descansa
desde lejano vuelo de memoria

todo
con esta quietud tan esperada
para leer de nuevo

sereno y en silencio

a Gorostíza.







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